POR H. ELIEL PÉREZ CERVANTES
15 AÑOS ANTES…
Un Águila Real surca el cielo iluminada por los intensos rayos solares. Utiliza la fluctuación gravitacional y la energía electromagnética del planeta como guías para luchar contra las corrientes del viento, poniéndolas a su favor para alcanzar su destino.
Su cerebro, como el de todo ser consciente, es un receptor poderosísimo que sintoniza las fuerzas del Universo para sostener su existencia.
Desde las alturas contempla la majestuosidad de un bosque donde se erige uno de los complejos arquitectónicos más imponentes de México, construido con conocimientos ancestrales a finales del milenio pasado.
Visto desde el cielo, el Centro Ceremonial Otomí (CCO) en Temoaya es un fractal colosal hecho de miles de toneladas de piedra volcánica. El basalto, rico en minerales ferromagnéticos, se alineó con el campo magnético de la Tierra al enfriarse hace eones, congelando una huella magnética permanente.
Coronando el complejo se encuentra “El Sol”, una colosal escultura con forma de flor tallada en roca volcánica. Para el ojo humano, es materia inerte. Pero gracias a los criptocromos en sus retinas, el águila percibe la remanencia térmica y magnética de la piedra.
Los electrones en sus ojos vibran al ritmo del magnetismo atrapado, transformando todo el complejo arquitectónico en una topografía de luz viva. La escultura no brilla por el sol; brilla por el pulso de la tierra que la roca todavía recuerda.
Ubicada entre los doce silos que representan los meses del año, la flor de piedra es el punto donde, durante el equinoccio, la energía solar se alinea perfectamente con la geometría del lugar.
Al posarse en ella el águila no huye al sentir la nota de energía pura. Al contrario, cierra sus nictitantes (párpados) y expande sus alas, convirtiéndose en el pararrayos biológico que cierra el circuito entre el cielo y la base oculta bajo el Centro Ceremonial.
Hoy presentamos: RITUAL

18 de Marzo de 2011, Temoaya, Estado de México.
Latitud: 19º 33′ 40″ N Longitud: 99º 32′ 30″ O
Las pirámides siempre han fascinado a la humanidad, pero su función es más técnica que estética. Situadas en nodos de alta conductividad telúrica, funcionan como cristales de cuarzo a escala planetaria.
Así como un sanador coloca gemas sobre los chakras (glándulas) para alinear el flujo vital, los antiguos constructores situaron estas moles sobre los «chakras» de la Tierra. No son tumbas; son transductores que captan la energía cruda del sol para estabilizar la psique colectiva de quienes habitan sus valles.
El Centro Ceremonial Otomí cumple la misma función. Sus constructores no eligieron el sitio por la vista, sino por las Líneas Ley (corrientes energéticas terrestres) que convergen ahí. Doscientos metros debajo de donde hoy se encuentra la Plaza del Sagitario, hace tres siglos, los monjes Agustinos construyeron en secreto un Gran Colisionador de Conciencia (oratorio colectivo).
Un siglo después, lo pusieron bajo custodia de la Hermandad del Fuego Sagrado, una Sociedad Secreta Luminosa compuesta por científicos, monjes y laicos de altísimo nivel espiritual.
Debido a la composición mineral del «Cerro de la Catedral» y su altitud, existe una anomalía magnética natural que la hermandad utiliza ahora para alimentar sus servidores y comunicaciones, volviéndolos indetectables para los satélites convencionales.
La «estática» de la montaña camufla sus señales, mientras que las 52 columnas del conjunto funcionan como pararrayos geománticos que canalizan la energía telúrica hacia el Colisionador. Incluso el agua de los manantiales subterráneos se aprovecha para refrigerar los sistemas y enviar mensajes codificados de baja frecuencia a otras misiones Agustinas en el centro de México.
EL RITUAL DEL QUINTO SOL
En la superficie, el aire es una amalgama de incienso de copal, el rítmico golpeteo del huehuetl y el murmullo de cientos de almas. Bajo sus pies, la «máquina-centro ceremonial» comienza su ciclo de ignición.
El Doctor Green, quien supervisó las obras de acoplamiento del Centro Ceremonial con el Colisionador subterráneo en los años 70, camina vestido de blanco. Guía a un joven de complexión delgada, también de blanco, en un viaje iniciático por su cumpleaños.
—Joven Elian, cuando el sol alcanza el «ángulo crítico» al mediodía, ocurren microacontecimientos que todos perciben pero únicamente los iniciados comprenden. ¿Siente esa leve presión en el pecho?
—¡Dios! ¡Desde que llegamos quiero preguntarle si es normal! —exclamó el joven—. Por cierto, puede decirme Elian nada más.
—¡Gracias! Pues bien, Elian-Nada-Más, a eso le llamamos la Sinfonía de la Piedra. Las miles de toneladas de basalto de este lugar actúan como una caja de resonancia.
—¡Está increíble este lugar, Doc! ¿Es verdad que usted ayudó en su diseño?
—Sí, Elian. Pero no te distraigas. ¿Qué sientes?
—Mmmm… no sé. Es como una vibración… tengo la piel chinita.
Elian miró hacia «El Sol» y notó al Águila Real posada sobre la flor de piedra. Ahí, el Águila parecía estar sintiendo lo mismo que Elian. Sus plumas estaban erizadas por la estática y para ella, la piedra parecía «humedecerse» visualmente, un efecto óptico provocado por la altísima frecuencia que hacía oscilar las moléculas de sílice en el basalto.
—Es hermosa, ¿no crees? —dijo Green sonriendo—. Párate ahí, les voy a tomar una foto.
Elian posó bajo la escultura haciendo el saludo de «Amor, Fuerza y Gozo» del Doctor Spock. Incluso el águila pareció posar agitando las alas. Esa instantánea se convertiría en uno de sus objetos más valiosos 15 años después.
Un monje de hábito negro y porte militar les hizo una seña a la distancia. Green retomó el paso.
—Ya va a iniciar. Toma, ponte esto en el oído y deja de actuar como un niño. Escucha más, habla menos. Quiero a tu verdadero Tú, aquí y ahora.
Elian, sorprendido pero no ofendido por la franqueza de Green, se colocó el auricular de conducción ósea y asintió, abandonando el personaje juguetón. En ese momento, un grupo de mujeres les colocó collares de flores.
1. El Saludo a los Cuatro Rumbos (Apertura del Portal)
El atecocolli (caracol ceremonial) resonó. Los danzantes se dirigieron a los cuatro puntos cardinales escoltando al Jefe Supremo Otomí.
—Estamos en la Plaza del Sagitario —explicó Green por el auricular—. Aquí, los cristales de cuarzo bajo nuestros pies reciben el peso rítmico de la danza. Cada paso es un «golpe» de energía mecánica que convertimos en electricidad pura. Es una simbiosis: la fe de los hombres alimenta la tecnología de la resistencia.
2. El Encendido del Fuego Nuevo
Mientras un anciano ascendía a «El Sol» para encender la hoguera, 200 metros abajo, la tensión estallaba en la base subterránea. Paul, un monje tecnólogo de origen francés operaba la interfaz de grafeno del colisionador.
Inesperadamente un pico naranja intenso apareció en el mapa holográfico.
—Hermano Rodrigo, detén el barrido. El algoritmo detectó un pico anómalo. No es ruido electromagnético. Es… biológico.
Rodrigo, un ingeniero geofísico laico de origen mexicano observó la pileta de obsidiana. El líquido ferrofluido había formado un fractal perfecto.
—¿Un infiltrado, Paul?
—No. Es lo opuesto. El Sistema emite entropía; esto es orden puro. 432 Hz constantes. Es un… o una Homo Nexus. Mira su rastro magnético: no consume la energía de la montaña, la está equilibrando. «Doctor Green… Habemus Nexum… se dirige hacia ustedes» le comunicó al Doc por su auricular.
3. La Danza de los Concheros (El Generador Humano)
En la plaza, el ritmo era frenético.
—A esto le llamamos la cosecha piezoeléctrica, Elian —explicó Green—. Estos guerreros están «despertando a la tierra» (He’mi rä häi). Están cargando las baterías del complejo.
4. El Ofrecimiento de Semillas y Flores
Elian recordó la primera vigilia a la que asistió con sus mejores amigos de la Universidad. «Seguimos aquí», pensó conmovido. «Nunca pudieron conquistarnos… ni los mexicas ni los españoles».
Una niña se le acercó y tomó su mano. Le entregó una mazorca de maíz criollo y lo guió al centro de la plaza para depositar su ofrenda.
—Xi di jamädi —le dijo ella uniendo sus manos.
Green notó los ojos llorosos de Elian.
—Es bio-programación, Elian. Las semillas son la información genética y cultural que tenemos el deber de proteger ante el Sistema.
5. El Alineamiento Solar
A las 12:33, la punta de las sombras de las 52 columnas convergieron en el centro de la Flor de Piedra. El Águila Real lanzó un chillido. Elian lo interpretó como el apretón de manos entre el cosmos y la máquina-centro ceremonial.
En ese preciso momento el Doctor Green ordenó a Paul por medio del auricular que disparara la Frecuencia de Sanación, limpiando las neurotoxinas sociales y barreras psicológicas de la población en un radio de 50 kilómetros. El Centro Ceremonial Otomí dejó de ser un museo para convertirse en un desfibrilador para el corazón de México.
En ese instante de simetría perfecta, apareció en escena una bellísima joven. Ataviada en blanco, con una autoridad que silenciaba el caos, se acercó al centro de la plaza para depositar una mazorca muy cerca de donde Elian depositó la suya.
El Doctor Green, percibiendo la altísima frecuencia de la chica, le hizo una seña. La joven se situó frente a ellos con total seguridad. Green le tomó ambas manos y, con una sonrisa de quien reconoce un milagro, preguntó:
—¿Quién eres?
Ella respondió con voz firme y una sonrisa preciosa en el rostro:
—Macuilxochitl. ¡Mucho gusto!
CONTINUARÁ…



Deja un comentario