
POR H. ELIEL PÉREZ CERVANTES
Salgo a caminar. Como siempre el entorno natural es maravilloso no obstante amaneció nublado y la calle aún está húmeda por la fría llovizna de la madrugada.
Hay graffitis sobre las paredes de los fast foods y otros establecimientos de franquicias transnacionales. También hay palos rotos y piedras sobre las banquetas y pedazos de papel con manchas de tinta que ayer fueron letras de protesta. . .
Miro alrededor. Los polis andan todos fachosos y desvelados; dos de ellos me miran y murmuran entre si, uno espeta, con uno de esos chispazos de lucidez que a veces tienen: “Por esas fachas y esa mochila, seguro que ese es uno de esos”.
Supongo que con “esos” quiso decir estudiantes. No me dejo intimidar, miro a cada uno y muy educadamente los saludo a ambos con el dedo de en medio. Los polis se ponen rojos, pelan tremendos ojos, uno se termina de amarrar las botas, el otro le da una ultima mordida a su dona de chocolate y comiendo comienzan su gorda carrera. Yo me echo a correr, pero nada mas para cansarlos, divertido de haber encontrado otro pretexto para correr por las mañanas. . .
A lo lejos escucho que uno de ellos pregunta por radio, agitado, si hay otro poli en la siguiente esquina, sólo le responde la estática…
Mientras esquivo un buzón y brinco un hidrante me pregunto si en ese ruidoso silencio se podrá escuchar el estallido de una estrella lejana, es probable, de lo que estoy seguro es que en éste ahora el estallido de los movimientos sociales puede llegar muy lejos, fuera de la atmósfera, hasta rebotar en satélites artificiales que llevan la noticia a otros continentes y países.
Por eso, aunque parezca que si, no estamos solos. . .
Ahora todo el mundo está en condiciones de saber las fechorías de esos que sólo representan a quienes pagan sus campañas y que se mueven al moverse la mano del Amo en cuestión. . . ¿convertir la educación en negocio? ¿mantener bajo el nivel educativo de la población para que no entienda lo que pasa? ¿Manipular la ley para reducir a concepto hueco la soberanía nacional? ¿privatizar la explotación de los recursos estratégicos del país y por si fuera poco, cargarle las consecuencias a la gente? ¡¿Qué esperaban?! ¡Si se hace un desmadre todavía más grande será causado por ellos, amos y títeres! Así que si los milis o los polis en serio quieren poner orden que vayan por esos maleantes, en lugar de perseguir estudiantes.
Acelero. Los pasos cada vez más lentos de los polis se escuchan cada vez más lejos. Yo me voy acercando a la barda de la Uni, me lo tomo con calma para escalarla y quitarme la mochila en la que llevo víveres, discos y libros.
Antes de saltar hacia adentro, me siento y quedo viendo a mis perseguidores inhalar aire como peces recién pescados; se han detenido a una prudente distancia, tal vez por que saben que en los salones y auditorios se han reunido much@s más estudiantes que polis o milis hay en todos los cuarteles cercanos a la ciudad, o tal vez por que sus hijos también son estudiantes y están aquí, o tal vez porque ya entendieron quienes son los verdaderos enemigos de la sociedad, no lo sé…
Me despido de ellos y les agradezco por haberme escoltado velozmente hasta la escuela. Entrecortadamente dijeron algo que no alcance a eschuchar, yo sonrío internándome entre las sonrisas de mis amigos y les cuento esto que les estoy contando a ustedes. . .
Hoy, en un rato más, en lo que todos terminan de guardar las bolsas de dormir, saldremos, otra vez, en tres bloques rumbo a las cedes de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, para hacerles ver que cuando obedecen ordenes que perjudican a la gente se hacen daño a si mismos y a todos.
Ayer,-los empresarios le dijeron a los políticos-que le dijeran a los burócratas-que le dijeran a los milis-que se disfrazaran de polis, para que fueran a golpearnos y a echarnos gases lacrimógenos y que de paso llamaran a los bomberos porque íbamos a incendiar la ciudad…
Finalmente no hubo ni incendiarios discursos o quemamos las puertas de ningún palacio, no obstante sí hubo garrotazos, humos picosos y chorros de agua. Los granaderos nos arrebataron nuestras pancartas tratando de provocarnos con su avance; pero como ni mojados, ni gaseados, ni aporreados nos fuimos ni les seguimos el juego violento terminaron por retirarse.
De ahí en fuera, si alguien quemó la ciudad ante los medios y mediante ellos ante todos, fue el mismo gobierno por su violento intento de. . . ¿conservar el orden público?
Seguiremos insistiendo, actuarémos sin miedo. La intervención de la fuerza pública no nos preocupa en lo más mínimo porque la fortaleza pública puede más, además, ya somos tantos que. . .

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