
POR H. ELIEL PÉREZ CERVANTES
“La conciencia es capaz de crear una realidad independiente del observador, por ejemplo puede crear una realidad de dinero, propiedad, gobierno, matrimonio, etc.” John Rogers Searle
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¿Qué cosa es el poder cuando no es potencia física y potencialidad de que algo pueda ser o acontecer? sólo una abstracción, una idea. Sin embargo, hoy en día estamos dando por hecho que la abstracción que es el poder en términos político-institucionales causa y encausa fenómenos concretos, reales, no obstante lo único real en ese ámbito es que todo es aparente y por eso TODO en él debe ser cuestionado.
En esta introducción abordaremos con la mayor brevedad posible, un concepto que puede ser útil para comprender parte del actual proceso jurídico-político-institucional que está siendo llevado a cabo en México por los llamados factores reales de poder en función de SUS intereses, como con el Pacto por México a principios de la actual administración federal, y no por los ciudadanos en función del bienestar general.
LA CONSTRUCCIÓN DE HECHOS INSTITUCIONALES
El “acceso al poder” político mediante investiduras delegadas a determinadas personas en forma de cargos públicos de “elección popular”, implica (para esas personas) la adquisición del status (nivel) de “representantes populares”; algo parecido ocurre con los nombramientos otorgados a los servidores públicos no electos, en cuyo caso adquieren un status de funcionarios de tipo operativo. En ambos casos dichos nombramientos conllevan por ley la transitoria conversión de dichas personas en agentes de actuación con reconocimiento oficial.
Así, la articulación de los poderes que integran al estado y de las instituciones y funcionarios que integran los gobiernos, requiere de una serie de leyes para garantizar que dichos agentes cumplan con las facultades y atribuciones que se les han conferido.
Con el paso del tiempo esa dinámica y su lógica de funcionamiento, además de normarse (reglamentarse) se normaliza (se vuelve sistemática) en el sentido común de los involucrados (gobernantes y gobernados) y toma un curso o secuencia cuyos procedimientos se aprenden y practican por ley y por costumbre, casi de la misma manera que ocurre con las tradiciones populares, sólo que en el caso de las “disposiciones oficiales” no media la voluntad de la población sino su aceptación u obediencia de las mismas, por provenir de entidades a las que conoce y reconoce con algún nivel de autoridad.
Sin embargo, también existe la posibilidad de que en lugar de aceptar una nueva disposición la gente la rechace. Pues bien, en caso de que la acepte lo que ocurre es que se “construye” una forma de poder convencional, pero en caso de que la rechace y revierta lo que ocurre es que dicho poder se “destruye” (Searle,1995).
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¿Pero qué sustenta esta dinámica en nuestra conciencia? Como te decía al principio, la idea en esta ocasión es cuestionar “la lógica” de la democracia representativa, apoyándonos en el enfoque que el filosofo norteamericano John R. Searle (quien tendiendo puentes cognitivos con pensadores como Alfred Schütz, Max Scheler, Peter Berger, Thomas Luckmann, entre otros) denominó como construcción de hechos institucionales, concepto que para no desviarnos del punto al que queremos llegar aquí, resumiremos de la siguiente manera:
Como sabes, con los actos de habla cotidianamente podemos enunciar acciones y convencionalismos sociales, y a su vez, dichos convencionalismos y acciones cotidianas podemos enunciarlas mediante actos de habla (y su codificación de forma oral y escrita). En este sentido, la base misma para la creación y funcionamiento de las instituciones que rigen la vida de las sociedades actuales, radica no sólo en hechos concretos y prácticos, sino sobre todo en formulaciones conceptuales, por ejemplo leyes, que dan pie a procesos que deben ser continuados por instituciones que existen (y si no existen son creadas) para tal efecto.
Para simplificar aún más este planteamiento, John Searle estableció la formula “X” vale como “Y” en el contexto “C” y uno de los ejemplos que menciona para aplicarla lo resumiremos como sigue:
Para que los billetes y las monedas (X) que usamos para pagar bienes o servicios, no sean meros pedazos de papel o de metal, debe existir previamente la institución del dinero (Y) y a su vez, para que el dinero valga debe ser respaldado por algo que tenga valor (por ejemplo oro) en el territorio donde sea gastado (C).
Este ejemplo es fácil de asimilar porque todos estamos más habituados a la lógica del mercado que a la del estado y porque se trata de un hecho concreto y práctico para la mayoría de las personas; pero cuando aplicamos este esquema al ámbito legal o al de la política institucional y todo lo que tiene que ver con ellos, nos adentramos al mundo de lo abstracto, donde los conceptos tienen significados relativos, definidos en procesos que para la mayoría de la sociedad están cerrados, pero que pueden y deben abrirse para que podamos comprenderlos y modificarlos en caso de ser necesario.
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Debo aclarar, antes de concluir esta introducción, que si bien la construcción de hechos institucionales puede utilizarse para crear cursos de realidad dirigibles y en ese sentido incide en nuestra noción de libertad individual y social, no es un fenómeno nocivo por si mismo, la cuestión está en quienes los causen y encausen y con qué objetivos, lo que reiteramos aquí es que en el ámbito político-institucional puede y debe ser la sociedad civil organizada quien lo haga, procurando el bienestar general y no la clase política desde el sistema de partidos preservando intereses particulares.
Las leyes son el lenguaje de las instituciones, así que quien defina los términos de ese lenguaje definirá el curso que tomen las acciones de éstas y por lo tanto también el desarrollo de sus repercusiones. Esa es la cuestión.
Hasta aquí una breve explicación de este concepto, pero para que adquiera sentido en términos actuales será conveniente que lo aterricemos en un caso concreto de nuestra realidad nacional, es por eso que en la segunda parte tomaremos como ejemplo:
LA REFORMA CONSTITUCIONAL EN MATERIA POLÍTICO-ELECTORAL 2014
Hasta la próxima

POST TENEBRAS, SPERO LUCEM
SILENCIO
Por Sujeto Nº 73173
Cierto día en cierto laboratorio…
— Em… no se si no te has dado cuenta Numerroide, perrro… Am… verras… Em… crreo que nadie te hace caso…
— ¿…?
— Digo, ya se que no lo haces porr likes, perrro a mi parrecer, sin diálogo no tiene mucho sentido hablarrr… Aunque, clarro, jeje, existe la posibilidad de que si te hagan caso perro no quierran decirr nada ¿verrdad? lo cual es valido… o que éste no sea el medio adecuado… em… o… que tu no lo sepas pero estas en medio de una Silent Zone… gulp… dass die Angst… perrro bueno es sólo lo que yo crreo, no tienes que hacerme caso…
— Lo entiendo, Doc. Gracias por no quedárselo. Verá, estas notas llegan a quien tienen que llegar y si llegan a alguien a quien le resultan de interés o utilidad cumplen su objetivo. No es nuestro afán ser gurús de nada, ni de nadie. Sólo decimos lo que queremos decir, para no callarlo. Así de simple.
— Crreí que querrías animarr un dialogo crrítico, Numerroide… perrro esta todo muuy callado… ¿Apatía? ¿paranoia? ¿a caso el miedo causó efecto?
— Nada de eso Doc, lo que pasa es que cada quien es dueño de sus dichos o silencios. No se puede forzar el diálogo porque entonces pierde sentido. En todo caso lo que nosotros queremos es decir nuestra palabra, y hacer de todo para que ésta no tenga cadenas y pueda andar. Escribir es una forma de andar por diversos caminos contando lo andado, descorriendo velos; se puede escribir uniendo piedras de camino, arenas de mar o estrellas de cielo; hoy hacen falta letras, no armas… o bien usar las letras como armas, y así, ¿cual silencio? ¿Doc…? ¿Qué esta haciendo…?
— Em, Escrribiendo…
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