
POR H. ELIEL PÉREZ CERVANTES
En la voz de Macuilxochitl
…Entonces me encontré de nuevo en un sueño… por decirlo de alguna manera… Lo correcto sería decir que estaba en otra realidad… ¿Que cómo sé cuando es un sueño y cuando he cruzado a otra realidad? no lo sé, sólo lo sé.
Me vi las manos y miré alrededor. Era una especie de pueblo antiguo rodeado de montañas boscosas y nevadas en sus puntas. La gente iba y venía, se saludan con cortesía, haciendo gala de estrafalarios y holgados ropajes que ondeaban con el viento, como si estuviesen sumergidos en el agua.
Sonreí, me mezclé entre la gente y dirigí mis pasos hacia lo que parecía ser un castillo que muy extrañamente brillaba a la distancia. Aspire y percibí en ese aire más sustancioso un aroma a tierra húmeda y a lugar antiguo, ¿cómo será la lluvia en este mundo? quise saberlo. Pese a que era un día soleado, no olvidaba que estaba en un universo paralelo, donde todo puede cambiar de un momento a otro… así que seguí caminando…
Una vez llegando al castillo quedé impresionada por las pulidas piedras de sus enormes muros, las cuales tenían una textura de coloración tornasolada que le daba al conjunto un halo aun más fantasioso. La muralla que lo rodeaba terminaba en almenas puntiagudas y traslucidas, como si estuvieran hechas de robustos cuarzos trasparentes, lo cual hacía que la luz al traspasarlas se desintegrara en una infinidad de rayos de colores que al avanzar el sol, ligeramente más grande, cambiaban de tonalidad… yo estaba tan fascinada con dicho efecto de la luz que por poco me pierdo el inicio de un fenómeno aun más espectacular: en la punta de las torres que asomaban detrás de la muralla se iban concentrando uno a uno los rayos de las almenas e iban formando al unirse una serie de nuevos rayos que se dispersaban en todas direcciones, con más y más intensidad… entre abrí los labios… era maravilloso…
Quise preguntarle a alguien qué era lo que estaba viendo, así que me dirigí a un anciano ataviado con una túnica azul y un sombrero algo “extraño”, quien alternaba su vista entre los rayos de luz multicolor y lo que parecía ser una clepsidra, uno de esos raros relojes de agua…
—Oiga, ¿qué es ese lugar?…
El anciano me ignoró, estaba absorto en cómo su frasco se llenaba de luz liquida proveniente de una de las torres. Cuando el frasco se llenó, pareció alegrarse y sólo entonces comenzó a girar lentamente sobre sus talones… al verme se asustó…
—¡OH…! Exclamó sorprendido.
Miró a todos lados, recuperó la compostura y me dijo, como si me conociera de hace mucho:
— ¡Macuilxochitzin! Macu! ¿¡Qué haces aquí!?
— ¿Macuilxochitzin? suena a mi más joven, ¿cómo lo sabe y por qué me dice así?… ¿quién es Usted…?
El anciano volvió a mirar en todas direcciones y con lo que parecía ser su andar mas veloz entró a una tienda de tela satinada del color de sus ropajes y me hizo señas para que lo siguiera. Desapareció tras la cortina y la vi ondear lentamente… ¿Este mundo es submarino o algo así?… el anciano asomó la cabeza y me urgió a entrar… lo seguí…
Al ingresar a su tienda, al fin «sueño», parecía ser otro lugar, una cabaña de madera y palma tejida sobre gruesas vigas a modo de techo… me asome de nuevo hacia afuera, pero en su exterior la tienda seguía siendo de satín que parecía flotar… me encogí en hombros y volví a entrar…
— ¿Dónde estoy, señor…?
El viejo no me contestó, parecía ocupado preparando té o algo así. Afuera se oía un sin fin de voces que parecían hablar en diferentes idiomas… mire a mi alrededor, la cabaña parecía tener un ático encima, cuya escalera estaba desplegada; caminé hacia ella y simulé tener la intensión de subir para atraer la atención del viejo, a quien volteé a ver de reojo, buscándole alguna reacción, pero al voltear de nuevo la vista al primer escalón la escalera ya no estaba ahí… ¡acabo de verla!
— ¡Hey!, ¡señor!, ¿¡me puede decir donde estoy!?… dije procurando sonar lo mas cortés que pude, aunque la verdad es que empezaba a impacientarme…
El viejo agito las manos en señal de “espera” y volvió a lo que estaba haciendo, pero de pronto hizo una pausa y sin moverse o voltear a verme dijo:
— Me alegra que hayas venido, Metztlicihuatl.
Su expresión me tomó por sorpresa… hacía tiempo que alguien no me llamaba así… desde… ladeé la cabeza…
— ¿Cómo cruzaste?, dijo el viejo, quien venía con dos tazas de algún liquido humeante. Hasta entonces percibí una mezcla de aromas que me pareció familiar…
— Siéntate, ven, toma, esto te va aclarar las ideas…
Me acerqué al anciano y le tome la taza que me ofrecía…
— Centella Asiática, Ashwagandha, ginseng y tila… hervidos en tritera y mezclados al mismo tiempo que se agregan tres gotas de limón… ¡como te gusta! Dijo muy sonriente…
Me sorprendió que supiera eso así que olí mi tasa y cerré los ojos extasiada por el aroma, que dadas las condiciones del aire del lugar era aún más intenso, por lo que me descubrí saboreando olfativamente el vapor de mi bebida… sorprendida me senté en un sofa muy, muuy suave. Apenas estaba acomodándome cuando empecé a sumergirme. Sentí como si el relleno del sofá quisiera tragarme. Grité, procurando no soltar mi tasa, pero esta ya no estaba en mi mano. El viejo puso lentamente su tasa en la mesita de centro y me extendió la mano caballerosamente…
— Jeje… Aun no controlas texturas jeje, dijo y me atrajo hacia si… y volvió a darme mi tasa, la cual sacó de no se dónde… le di un sorbo y me sentí de maravilla…
Poco a poco el sillón normalizó su superficie hasta volverse suave, pero firme.
— ¡¿Qué es este lugar?!
— Estas en… ¡La Mente! Dijo de forma teatral y abrió los brazos como queriendo abarcarlo todo…
— ¿En la mente…?, ¿de quién…?
El viejo soltó una carcajada de aire y se apretó el abdomen divertido…
— Pues en la mente de nadie… y de todos… ¡La Mente de la que cada quien toma una parte y forma parte!… ¡La Mente! Jajaja!…
Esa frase me sonaba… ¿pero de donde…?
— ¡El Castillo!, ¿Qué es?, ¿Quién vive ahí?, ¿Qué eran o de-qué-son-esos rayos?, ¿Cómo es que pudo guardar uno en esa botella…?
— Paaartes, Paartes, vamos por partes… ¿Quién vive ahí? ¡Pues tu quien crees…!
— “¡La Meeenteee!” dije imitando su tono festivo…
— La Gran Mente, Macu, la Gran Mente… dijo con tono solemne.
— ¿Y los rayos?
— Em, bueno los rayos son lo que tu quieras que sean, yo guarde unos que quiero que sean tiempo, a veces hace falta algo de tiempo extra, ya sabes, para leer, caminar, platicar con amigos, o agregar buqué a los vinos… ¡esas cosas!…
— ¡Lo vi llenando ese reloj de agua! Dije señalando un prisma cilíndrico que estaba sobre la mesa de centro de una elegante estancia hecha de roca maciza y madera que tenía el aroma de los siglos.
El viejo tomó de la mesita la clepsidra y ladeó el frasco admirado de los colores que veía al revolver su contenido…
— Pero dígame, ¿cómo es que estoy en “La Mente”, si la mente vive dentro del castillo?
El anciano me volteó a ver sonriendo, y con una luz de misterio brillando en su mirada me dijo…:
— La Mente no esta dentro del castillo… mas bien el castillo está dentro de La Mente… y dado que todos somos parte de la mente y la mente es parte de todos, pasa así con todos los seres… pasa así contigo, pasa así conmigo, pasa así con mi Buho… ¡y con esas hormigas que creen que no las he visto robándose mi avena…!
Volteé hacia donde señalaba y en efecto, una hilera de hormigas al verse descubiertas rompieron formación y corrieron llevándose lo que podían… el viejo volvió a reir…
— ¿Quién eres? Le dije hablándole de tú, pues el viejo se me hacía increíblemente familiar…
— Este es tu “sueño”, dijo haciendo seña de comillas; mejor dime tú quien crees que soy…
— Es que no lo sé, nunca te había visto… creo…
Al verme dudar volteó a ver como caía una gota en su clepsidra. «Claro, es mucho tiempo aquí, pero poco allá afuera»… Me miró con afecto y dijo: Esta ha sido solo una gota, pero hay muchas más gotas de tiempo que de agua hay en el océano… Toma, dijo y me extendió el frasco lleno de luz liquida… con cada gota dale vida a una posibilidad, en tu mundo hace falta esto…
— ¿Luz…?
— Luz y posibilidad de luz… anda, escucho una voz a lo lejos, creo que es tiempo de despertar en tu mundo… pero ya aprendiste a venir… ven cuando quieras y platicamos…
Al decir esto se levantó dirigiéndose a la entrada de su tienda y me abrió cortésmente la cortina para salir. Me detuve en el umbral, «te veré después», le dije. El viejo sonrió y me señalo la cúpula del castillo. No la había visto hasta ahora, de ella emanaban rayos aun más intensos; uno de ellos atrapó mi mirada, el resplandor me hizo cerrar por un momento los ojos… cuando volví a abrirlos me vi en mi cama…
¡¿Y el reloj de agua…?!
CONTINUARÁ…
…fragmento de mi diario onírico…
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