
POR H. ELIEL PÉREZ CERVANTES
Las masacres tienen siempre el objetivo de sembrar el terror en lo mas profundo del alma humana, son terrorismo puro, lo incongruente y grave es que esas medidas sean llevadas a cabo por los gobiernos en contra de su población…
Así paso en la plaza de las tres culturas de Tlatelolco, en la ciudad de México. Ahí, ante la consternada mirada de miles de personas la patria abortaba a cientos de sus hijos y dejaba ensangrentado “el ombligo de la luna”[1]…
Hoy se sabe que el gobierno local había infiltrado entre los estudiantes a individuos y grupos cuya función era manchar la imagen del movimiento estudiantil ante la opinión pública, provocando a la policía y justificando su intervención, tal como se hace ahora mediante grupos de choque que se incorporan a los contingentes durante las marchas pacíficas, para protagonizar disturbios y activar con ello los operativos policiacos de disolución de concentraciones multitudinarias.

Zócalo de la Ciudad de México, 1968.
En el caso mexicano existieron agrupaciones militares como la Brigada Blanca, para llevar a cabo acciones de contrainsurgencia (combate a grupos subversivos), y paramilitares con la misma función, como los llamados Halcones.

Pandillerismo Oficial
Un conjunto numeroso de porros, integrado por pandillas reclutadas y entrenadas también en operaciones de contrainsurgencia y artes marciales por la Dirección Federal de Seguridad, policía política y órgano de inteligencia del gobierno federal hasta el año de 1985.

Disolución de Marchas
Los Halcones tenían la encomienda de destruir total o parcialmente al movimiento estudiantil y sabotear sus actividades, o bien, infiltrarse entre los miembros del movimiento con el propósito de radicalizarlo y provocar enfrentamientos con la policía y el ejército, para exponer y eliminar físicamente a sus integrantes.

El uso de la Fuerza fuera de la Ley
Debemos tener en cuenta que los años 50’s, 60’s y 70’s, fueron décadas agitadas por corrientes de pensamiento disfrazadas en el discurso como revolucionarias. Fomentaban la estrategia de la lucha armada y los ataques terroristas para combatir al capitalismo e imponer el comunismo (que con el tiempo terminaron siendo regímenes autoritarios ambos) como ideología gobernante… La incógnita que aun hay que despejar, es a quien sirvió más esa estrategia…
…Y todo indica que le sirvió a ambos, porque desde entonces la lucha contra el “terrorismo” o los “enemigos del estado” es la misma justificación usada para aumentar el presupuesto destinado a la compra y producción de armas, así como para aumentar cada vez mas el tamaño de los ejércitos. Como prueba están los países iconos de ambos bandos: Los Estados Unidos y China, sólo por mencionar a los más representativos.
Precisamente, los hechos relacionados a la Guerra Sucia, como es denominada esta fase de exterminio contra las organizaciones anticapitalistas en México, se dio enmarcada por la llamada Guerra Fría, la cual, además de la supuesta carrera armamentista entre la Unión Soviética y los Estados Unidos de Norteamérica, significó también la continuación de las acciones militares, pero ya no como fuego cruzado entre países, sino con el exterminio de los enemigos del capitalismo, dentro de cada país.
El pretexto legal para lograrlo era que quienes protestaban y se asociaban alternativa o paralelamente al Estado, eran promotores del delito de Disolución Social, introducido al Código Penal Federal en el gobierno de Manuel Ávila Camacho, por “sugerencia” del presidente norteamericano Harry Truman a los gobiernos latinoamericanos ante el inminente estallido de la Segunda Guerra Mundial. Todo fue posible gracias a una reforma al artículo 145 de dicho código –afortunadamente derogada en el año de 1971-.
Esto significa que mediante un recurso legal se aplicaban las políticas de seguridad de un gobierno a través de las fuerzas armadas de otro. Ejemplo reciente de esto es la llamada «Iniciativa Mérida» o «Guerra contra el Crimen Organizado».

Ahora bien, para que la Guerra Fría implicara el desmantelamiento total de las fuerzas antagónicas al libre mercado, ningún país condicionado económicamente por los países industrialmente desarrollados debía albergar en su territorio a personas o grupos que pudieran dificultar sus objetivos, por lo que los sectores que a nivel mundial protestaban por la desigualdad a la que conduce el modelo neoclásico o neoliberal, pasaban a ser considerados como comunistas «transgresores de la ley» y convertidos en blanco de mortal ataque, tal como ocurrió en territorio mexicano tanto el 2 de octubre de 1968, como el 10 de junio de 1971, entre otras fechas de la historia reciente de nuestro país.
La experiencia de aquellas generaciones demuestra también que la vía de la lucha armada como estrategia de liberación es una trampa para aglutinar y exterminar en masa a los disidentes del sistema político. Por eso es necesario evadir a toda costa el uso de la fuerza y la violencia, para no justificar su aplicación por parte del Gobierno. La violencia es la esencia de toda tiranía.
Dicha violencia sigue siendo empleada en todo el mundo como estrategia de intimidación a través del terror psicológico, pues la violencia armada de las autodenominadas «fuerzas del orden», en el fondo implica la amenaza de lesiones causadas legalmente por éstas.

Militarización
Lo que los gobiernos autoritarios pretenden con ello es reforzar físicamente el sometimiento inducido por los aparatos ideológicos que te mencioné en la tercera parte, para que la gente no intente exigir nuevos cambios políticos, económicos y sociales.
Irónicamente, como hemos visto, esos eran los rasgos que los movimientos sociales de 1968 cuestionaban de los Gobiernos en todo el mundo. Hoy existen los mismos problemas que en ese entonces, pero las estrategias de control han logrado su objetivo en una franja de población suficiente para que el sistema de dominación siga funcionando.
Sin embargo, no todo esta perdido, hoy podemos darnos cuenta de algo que los gobiernos de todo el mundo tendrán que terminar por aceptar, esto es, que existen 2 fuerzas igualmente poderosas, capaces de configurar la realidad social y el curso de la historia: por un lado la fusión de intereses político-económicos, los cuales le apuestan a todas las formas de control para mantenerse en pie, y por otro lado, está la gente cada vez mas consciente de la necesidad de actuar para ponernos en pie y asumir la soberanía que por el momento no estamos ejerciendo.
Los poderosos lo son porque están organizados, pero la gente, si se organiza puede ser mucho más poderosa. Unámonos, reunamos la inquietud dispersa y convirtámosla en energía colectiva. Sólo asumiendo el control dejaremos de ser controlados.
***
Post Scriptum:
Después de todos estos años, desde 1968 hasta nuestros días el tiempo no ha pasado, pero no porque se haya detenido, obviamente no, sino porque el tiempo no pasa. No pretendo definir el tiempo, pero intuyo que la ilusión del tiempo se justifica por la duración y el entrelazamiento de los acontecimientos que vivimos, y es causada por la percepción de nuestra propia presencia y duración en el mundo, así que en todo caso vivimos en un eterno presente, es decir, siempre es ahora. Así pues, aunque quizá ni tu ni yo existíamos en esa época, lo que les hicieron a todas esas personas en cierta forma también nos lo hicieron a nosotros. Por ello, donde quiera que estés, sirvan estas palabras para hacerte saber que a pesar de lo aparente, nadie estuvo, está, ni estará solo.
HASTA PRONTO


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