OPERACIÓN AURORA / Escena 1: UNIVERSO MENTAL

POR: H. ELIEL PÉREZ CERVANTES

“Vi también como un mar de cristal mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y el número simbólico de su nombre, en pie sobre el mar de cristal, con las arpas como armas que Dios les dio…”

Apocalipsis 15, 1 – 4

La aeronave experimental SR-91 Aurora de la fuerza aérea norteamericana ingresó al espacio aéreo mexicano proveniente de la mesosfera superior. Literalmente había saltado la frontera nacional y el espacio aéreo de México en un vuelo suborbital. Sus turbinas de propulsión de hidrógeno y oxígeno líquidos aceleraron su descenso a una velocidad hipersónica de Mach 10, superior a los 12,000 kilómetros por hora.

El fuselaje, una cuña negra de aleaciones secretas, vibraba bajo la presión atmosférica mientras el cielo pasaba del negro al azul cobalto. 

Conducida con los pensamientos del piloto, sometido a un largo tratamiento de drogas experimentales que amplifican las ondas cerebrales para ser captadas por el casco-Interfaz Cerebro-Computadora (BCI) de éste, y transmitidos al “cerebro” del avión. La poderosa aeronave descendía amenazante para ejecutar una siniestra misión: soltar una bomba nuclear sobre la Ciudad de México.

Convertida en una extensión del cuerpo del piloto con quien compartía en ese momento su inteligencia cinética, la aeronave conceptual trazaba giros calculados con precisión para minimizar la inercia interpuesta por las corrientes de viento, lo cual, aunado a su diseño aerodinámico y a las aleaciones con las que estaba construida la hacía indetectable para radares civiles y militares, así como para satélites de defensa.

Dentro de la cabina, el silencio era absoluto, roto solo por el siseo del oxígeno y el pulso eléctrico de la interfaz.

31 segundos bastaron para que el SR-91 Aurora recorriera los 90 kilómetros entre el umbral del espacio aéreo de México y el punto de lanzamiento a 10 mil metros de altura. No hubo ni un milisegundo de humana reflexión. Como un robot controlado a distancia, el piloto ejecutó la orden del comando central: Aniquilar a millones de seres humanos que aún dormían en la capital de la República Mexicana.

La Alteración de la Realidad

Los sensores de cuatro satélites en órbita percibieron una agitación de la conciencia colectiva de la especie humana en todo el planeta justo en ese momento.

Más que soltar una bomba en la ciudad capital de un país vecino, la misión del SR-91 era introducir una drástica alteración a la Línea Temporal a partir de una Operación de Desestabilización de Impacto Planetario.

Una demostración de fuerza al mundo que dejara claro que la nueva política internacional de los Estados Unidos de Norteamérica sería desplegada a base de golpes de efecto geopolítico cuyo fundamento es el terror y el objetivo final, aunque pareciera ser el caos, en realidad es el control de la mente y la voluntad de los seres humanos.

En las pantallas de monitoreo global, los gráficos de estabilidad social se desplomaron en un abismo rojo.

Un país en vías de desarrollo seleccionado cuidadosamente como escenario de guerra psicológica para enviar un mensaje al mundo entero, no sólo implícito sino explícito, pues justo en ese momento, y durante exactamente 6 segundos y 66 milésimas, una señal pirata de baja frecuencia interfirió las transmisiones de radio y televisión de todos los canales del planeta con una profunda y gruesa voz robotizada que decía:

“T3N3MOS EL C0NTR0L D3 LA REAL1DAD…”

Interludio: “The Beatles”

En posición orbital, uno de los cuatro satélites Magnetospheric MultiScale o MMS, que monitorean desde el espacio exterior la actividad geomagnética de la Tierra hizo un imperceptible giro de 17 grados. Posicionando su transponder en dirección a las coordenadas 19º48’19” Latitud Norte y 101º41’39” Longitud Oeste.

Dotado con la capacidad de detectar hasta la más ínfima variación, comunicó al resto del grupo la detección de una atípica señal de interferencia en la banda de resonancia Schumann, conocida coloquialmente como “el pulso de la Tierra”.

Apodados también como “The Beatles” por los científicos del Centro de Vuelo Espacial Goddard (GSFC) de la NASA, los cuatro satélites verificaron la fuente: voces de especímenes humanos cuyos cerebros vibran alegremente a una frecuencia de alrededor de… ¡44 hertzios!…

— ¡Vaya! —“Pensó” el satélite líder en su equivalente “lingüístico” binario mientras procesaba el flujo de datos.

— ¡Ondas gamma oscilando en cerebros humanos! —se “sorprendió» el segundo satélite del grupo, enviando un pulso de confirmación.

— ¿A estas horas?… —se “cuestionó” el tercero. —¡Qué especie tan increíble!

— ¿De qué están hablando? —“Dijo” finalmente el cuarto de ellos, ajustando su lente focal hacia el continente americano.

———— ¡Veamos! —Convinieron simultáneamente, emitiendo un destello infrarrojo y dirigiendo sus transponders hacia las coordenadas en cuestión.

Hoy presentamos: Coalescencia

Coéneo, México.

En una altísima cima de montaña en el centro de México existe un centro de investigación ultramoderno. 

En una de sus cámaras, construida en las profundidades de una enorme caverna, dos científicos centran su atención en un monitor enlazado a un computador cuántico ubicado en una cámara contigua de características futuristas.

En el monitor pueden visualizar imágenes sustraídas de la mente de una persona joven, quien flota verticalmente en el interior de un enorme cilindro rebosante de una solución salina de brillantes tonos azules.

En un costado del cilindro puede leerse un rótulo escrito a mano que dice: 

“Sujeto de experimentación Nº 73,173”

El sujeto en cuestión flota apaciblemente haciendo leves movimientos de pies y manos y tiene puesto un dispositivo de realidad virtual en los ojos que le abraza toda la cabeza.

— ¿Qué hace? Preguntó la imagen holográfica del Doctor Fitz, quien con su cuerpo hecho de luz imitaba los movimientos del sujeto.

— Parece estar haciendo tai chi, ¿verdad?, pero en realidad está haciendo música, Fitz. Como respuesta a la simulación de un evento cataclísmico sobre la Ciudad de México que le acabo de administrar. Respondió un septuagenario científico de estatura media y de complexión robusta con una espesa barba blanca que hacía juego con su bata de laboratorio… ¿ves esos círculos sobre los que acerca o aleja sus manos en la simulación?

— Sí. ¿Qué son?

— Producen sonidos. He identificado patrones rítmicos y de la decodificación y modulación de sus ondas cerebrales emanan notas en diversas tonalidades y ritmos… espera… voy a amplificar la sensibilidad de los nanobots para transmitirlas en tiempo real…

En los potentes altavoces del laboratorio comenzaron a escucharse notas que parecían reproducirse en reversa. Primero rápidas y luego lentas hasta que se normalizaban y comenzaban a sonar en armonías de cítaras orientales, mezcladas con un beat o golpeteo rítmico de profundos tonos graves.

— ¡Decodifica el área de broca, hay mucha actividad ahí…! Dijo el Doctor Fitz 

— Espera… ¡Listo!

Ligeramente distorsionada, la voz de una mujer joven armonizaba con las notas de las citaras y comenzaba a cantar hermosamente:

“Om mani padme hum, Om mani padme hum, Om mani padme hum…”

A dicho mantra seguían sonidos parecidos a los de interferencias en la sintonización de señales de radio…


“Hermoso ser de luz…” —susurraba la frecuencia—. “¡Buenos días, México!” … “…¡Despierta!…”

El aire en el laboratorio parecía cargarse de estática. Gradualmente la voz femenina se duplicaba y daba paso a una voz varonil que parecía sonar en un ambiente cavernoso con eco, que serenamente cuestionaba:

¿En verdad no te das cuenta-cuenta-cuenta…?”

A los ruidos de estática y sintonización siguió la perfecta modulación de la voz que ahora parecía flotar y reverberar con una claridad prístina…

“Falsa Realidad que se nos cuenta…”

“Realidad falsa que de mitos se inventa…”

“Falsa percepción…”

“Mera ilusión”

De pronto la sala se llenó de un melódico y rítmico beat que acompañaba una serie de versos recitados:

“Ficticio motor nos mueve el cuerpo en un mundo impuesto… una invención.”

“¿Nación?”

“¿Noción?”

“¿Aluci-Nación?”

“¡Ideas de historia no nos dan explicación!”

“¿Cuándo renunciamos a la naturaleza y dónde perdimos el cause entre la causa y la reacción?”

“¿Cuando nos convenció la histeria de la historia y secuestró nuestra memoria la letra de una violenta canción?”

“¡Mundo de himnos como hímenes inmaculados!” Gritaban ambas voces.

“¿Te cuento un cuento?” Volvía a decir la voz de hombre.

“Tal vez se a verdad, tal vez te miento… esa será tu decisión:”

Para este punto la música de fondo ya era un poderoso ritmo a base de percusiones y bajos que parecían simular el latido del corazón, con efectos de sonido Dubstep espectaculares. De pronto la música se atenuaba y la voz reducía su velocidad para declamar con autoridad:

“Cuando en nuestras mentes instalaron egoísmos y se nos impuso falsa autoridad… “

“Nos dividieron entre humanos con nacionalismos encerrando entre fronteras la libertad…”

“Luego nos llenaron la cabeza de heroísmos, teorías, leyendas, ritos… ¡falsedad!”

“Así los pocos a los muchos confundieron la razón con mitos y nos enseñaron a aprender falsa verdad…”

“Real realidad debemos ver…”

“Necesitamos…”

“¡¡¡DESPERTAR!!!”

La música y los versos parecían continuar en un ritmo ascendente…

— ¿Estás grabando? —Preguntó Fitz, subiendo el volumen de los monitores laterales.

— ¡Siempre! —respondió el doctor sin apartar la vista del cilindro.

La orquestación hizo una transición a un ensamble instrumental, al mismo tiempo armonioso y potente.

— ¡Este canal, el del sitar, es un reflejo sináptico…! ¿Ya viste? —Dijo emocionado el Doctor Fitz señalando una enorme pantalla del tamaño de la pared en la que podían verse puntos situados en un mapamundi. Dichos puntos parpadeantes se alineaban con los paralelos terrestres.

— ¡Proviene de la India! ¡Contacta a Samar! Debe estar viendo en Macu lo que nosotros vemos en Elian pero a la inversa. —Dijo el doctor Fitz, ahora parpadeante y tecleando febrilmente en el aire, como si manipulara hilos invisibles en su entorno virtual.

— ¡Mejor aún! Iré yo mismo a Bavnagar. El puerto de destino es estable y permite el salto. ¡Entraré a la cámara, cuídate, Fitz!

El Doctor Green volteó hacia el cilindro y le hizo a Numeroide una seña de «ahora vuelvo» y entró a un complejísimo sistema de anillos concéntricos. Los servomotores rugieron con un zumbido creciente. Los anillos comenzaron a girar lentamente y luego a incrementar su velocidad hasta que, en un potente haz de luz, el hombre fue deconstruido en sus componentes más elementales y de pronto… desapareció.

BAVNAGAR, INDIA.

En el laboratorio de Bavnagar, una réplica del sistema de anillos se activó simultáneamente. Tras un intenso resplandor, el Doctor Green apareció, sacudiéndose el rastro de energía de su bata.

— ¡Samar! ¡Macu y Elian han cruzado el umbral de la coalescencia! —Dijo el Doctor Green, traspasando el sistema de anillos a grandes zancadas, ignorando cualquier protocolo de saludo.

— Sí, Green. Al igual que todos los sujetos de su rama evolutiva porque…

— …“Oscilan en la misma frecuencia…” —Dijeron al unísono.

Green suspiró, limpiándose el sudor de la frente.

—Ya sé, pero… ¡¿Te das cuenta?! Es decir, sabemos que están en resonancia con sus pares, ¡¿pero en coalescencia?! ¡Lo que se suponía pasaría al cabo de varias generaciones está ocurriendo justo ahora…! ¿Te das cuenta?…

— ¡Hola! ¡Es muuuy impresionante cómo “apareces”, Doctor! —Una voz infantil rompió la tensión académica.

Frente a él, una niña de rostro inteligente y divertidos ojos azules lo observaba con las manos en las caderas. Su tez morena relucía bajo las luces LED del laboratorio.

— ¿Quieres iluminar a Naira con tu explicación? —Dijo Samar, esbozando una sonrisa ante el desconcierto de su colega. —Es mi clon de continuidad. Perdona por no hablarte de ella pero pues… ¡sorpresa! De vez en cuando se deja caer por el hoyo del conejo y viene hasta aquí a ver lo que hacemos. Descuida, ya está al tanto de todo.

Green parpadeó y sacudió la cabeza para volver en sí y adaptarse a la nueva situación.

— Claro, hermosura… —Green se puso a su altura, tratando de recuperar la compostura. —Mira, según lo que hemos visto en personas como Elian y Macu, el cerebro funciona como una antena que sintoniza a la noosfera…

— ¿Qué es la noosfera? —interrumpió Naira, inclinando la cabeza con curiosidad.

— Ah, mira, la noosfera es la capa de conciencia que envuelve a nuestro planeta. Es el pensamiento colectivo que surge sobre la biosfera…

— ¿Biosfera…?

— Ya sabes, la “capa” de vida que envuelve al mundo. —Green comenzó a gesticular con las manos, dibujando esferas invisibles. —Yo incluso diría que la noosfera es un estadio evolutivo de todo planeta en el que existen seres cognados… ¡No únicamente nosotros los humanos, sino también otras especies!

— ¿Cognados? —La niña frunció el ceño, procesando el término.

— Es decir, que han desarrollado el fenómeno de la conciencia. ¡Como los delfines, por ejemplo! Y muchas otras especies. Yo diría que todas las especies a su modo lo son y lo saben, pero los humanos somos los únicos que creemos que somos los únicos…

Green soltó una carcajada breve.

— Jajaja ¡Estás loquísimo, Doctor!

— ¡Gracias! ¿Y tú qué haces aquí, linda?

— ¡Yo vigilo los cambios de coloración en el aura de estos dos grandulones, mira! —La pequeña señaló un monitor panorámico donde dos planetas de tonalidades policromáticas flotaban en un baile magnético.

— ¿Júpiter y Saturno? —Green se acercó al monitor, fascinado por la danza de colores.

— Sipi. ¡Ellos son muuuy importantes! ¿Sabías que muchos fenómenos en la Tierra son consecuencias de lo que pasa entre ellos? ¡Hasta nuestra órbita depende de ellos! ¡¿Qué locochonsísimo, no?!

— Wow… ¡Sí que lo es! —asintió Green. —¿Y por qué es tan importante vigilar a Júpiter y Saturno?

— Ash, eso es muuy aburrido, pregúntaselo a ella. —Naira señaló a Samar con un gesto de desdén juguetón. —Ella lo explica mejor porque ella misma es muuy aburrida. ¡Gracias por tu explicación sobre los Homos Nexus, Doctor! ¡Ya lo sabía!

— ¿Siempre es tan segura de sí misma? —Preguntó divertido el doctor Green a Samar mientras caminaban hacia el área principal.

— Casi nació hablando. —Samar suspiró, aunque sus ojos brillaban de orgullo.

—Si no fuera una réplica de mí misma ya la hubiera puesto en la «maquinave» con destino desconocido en el tiempo y en el espacio…

Green sonrió divertido. Se encaminaron por entre sofisticados aparatos y hermosas plantas cuyas flores emanaban exquisitos aromas, un oasis biológico en medio de tanta tecnología.

— Por lo visto —continuó Samar, recuperando el tono profesional—, el incremento en la coalescencia entre los Homos Nexus se debe a la suma de las fuerzas gravitatorias de Júpiter y Saturno. Yo también noté el incremento de la conexión entre Macu y Numeroide… perdón, Elian. Especialmente el día de la alineación entre estos dos “grandulones”.

— ¿Y qué pasará cuando se desacoplen? —Green observó las gráficas de resonancia.

— Probablemente disminuya la intensidad de la conexión, pero no terminará.
A mi lo que esto me dice es que en realidad viene ocurriendo lo mismo con la humanidad en todos sus estadios evolutivos. Dijo señalando una línea de tiempo en el monitor principal.

— Hay momentos astronómicos en los que nuestra conexión aumenta o disminuye. Lo interesante es que los homos nexus aprovechan todas las condiciones para activar rasgos evolutivos que favorecen su adaptación y sobrevivencia.

Green estaba absorto siguiendo la línea de tiempo con absoluta fascinación.

¡Esta generación del bono demográfico mundial parece estar conectada de una forma mucho más intensa consigo misma que las generaciones anteriores! ¡y su conexión se hace cada vez más grande y fuerte en la medida que va aumentando en número la población de los homos nexus…!

— ¡Ya cambiaron de color! —gritó emocionada la pequeña Naira. Saltó hacia una pared de controles, ingresó una secuencia rápida con agilidad asombrosa y volvió al centro de la sala. Se quitó los tenis dando saltitos y se acostó en el suelo sobre una mullida alfombra.

— Ven. —La Doctora Samar tomó a Lino Green del brazo y lo condujo hacia donde la pequeña Naira, con sus manitas juntas, parecía estar elevando una plegaria debajo del monitor. La luz del laboratorio comenzó a cambiar, pasando de un blanco clínico a un violeta profundo, siguiendo el ritmo de la «oración astral».

El doctor Green iba a decir algo, pero se detuvo ante la majestuosidad del cambio atmosférico…

CONTINUARÁ…


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