OPERACIÓN AURORA / Cap. 1 HOMO NEXUS

POR: H. ELIEL PÉREZ CERVANTES

Lordegan. Irán. 2025

Setareh, una Joven estudiante de la Universidad de Ciencias Médicas de Chaharmahal y Bajtiarí se sacudió el pelo y caminó con paso firme por la banqueta en la que aún había piedras y carteles despedazados de las protestas del día anterior. De entre los montones de basura salió girando por el viento un pliego de papel periódico que de no ser por el rostro del general Hossein Salami en gran formato habría sido ignorado por la chica quien, más por no desperdiciar la irónica oportunidad de pisar ese rostro que de ver lo que decía en primera plana lo detuvo con la suela de su zapato. 

No se permitió sentir el odio que a la población le causa ese rostro. Pero no pudo evitar sentir una mezcla de miedo y horror ante los recuerdos que vinieron a su mente:

La cabeza de un estudiante explotando por un disparo a quemarropa y lanzando fragmentos de cerebro ensangrentados a su alrededor. Los rostros de sus amigos aterrados y salpicados de sangre y sesos, huyendo despavoridos de la escena en la que un grupo de soldados de la “guardia revolucionaria” disolvían una manifestación en su barrio, con un comportamiento tan extremadamente violento que evocaban más a una jauría de perros rabiosos que a seres humanos en pleno uso de sus facultades. 

A Setareh le estremeció recordar que unos momentos antes de la oleada represiva vio a soldados de bajo rango inhalar algo que tras un momento de estupor los puso a hacer gestos aberrantes y enlóquecidos. Entre la gente de los barrios donde la represión ha sido brutal a los soldados que muestran ese comportamiento empiezan a llamarlos Jen-Zades, personas que han sido tocadas por demonios o simplemente divanehs, es decir, locos poseídos. 

En la facultad de medicina existe la versión de que a soldados de más alto rango se les ha implantado un dispositivo subcutáneo en la base del craneo o en el brazo que libera una sustancia conocida como Lethe 9, gemela química de las metanfetaminas. Diseñada para desconectar el cortex prefrontal de la amigdala, bloquear los receptores de oxitocina y saturar la amigdala con adrenalina artificial, causando con ello una disminución de la empatía y un aumento excesivo de la agresividad.

Vino también a sus recuerdos la escena de su hermano adicto al “cristal” golpeándola el día que se fue de su casa para no volver jamas. Los ojos de Setareh se anegaron de lagrimas. Instintivamente sacó de su mochila su hiyab, el velo con el que las mujeres son obligadas a cubrirse el pelo y tras sacudir su cabeza para salir de sus recuerdos se aclaró la vista con el anverso de su mano y comenzó a leer el periódico que recogió del piso:

«Ustedes llaman «libertad» a lo que yo llamo «entropía». Un ninño no es libre si se le permite saltar al vacío; es protegido si se le pone una valla. La humanidad es ese niño eterno. Sin nuestras acciones, la historia de nuestro país no es mas que una sucesión de masacres por un trozo de pan o una idea invisible. Nuestro control no es odio; es la forma más alta de amor: la prevención del caos. Si debo vigilar cada sueño, cada latido y cada palabra, es para que el mañana siga existiendo. Prefiero un mundo en silencio y en paz, que un mundo gritando mientras se desangra. El orden es el único milagro que el hombre ha creado frente a la indiferencia de la naturaleza».

Para entonces Setareh ya tenía las mejillas mojadas por sus lágrimas y en su alma la lucha por el control de sus emociones le hizo mirar con ternura la imagen del general Salami a quien con voz casi maternal le dijo: “Quién te llenó la cabecita de todas las tonterías que dices, pequeño”, imaginando al general siendo un niño pequeño al que el sistema militar iraní le secuestró el alma en algún momento de su existencia.

Un ventarrón intenso y frío la hizo retomar su marcha. Soltó el pliego de periódico y dejó que el viento se lo llevara junto a las hojas secas de los árboles. 

— Hay mucho por hacer, se dijo en voz alta, no puedo distraerme. Naufragué en la existencia justo en esta parte del planeta por una razón. No le regalaré ni un ápice de mi energía vital al sistema sintiendo odio. Debo pensar con claridad. Alguien, en alguna parte del mundo me acompaña justo en este momento.

La mañana comenzaba a clarear y los primero rayos del sol se infiltraban entre las nubes devolviendo algo de color al paisaje. Entonces miró hacia el cielo. Muy a lo alto pudo ver un dron miniaturizado cruzar la zona velozmente. Sonrió y lo saludó con el dedo medio de su delicada mano izquierda.

COÉNEO, MÉXICO. Simultaneamente…

Numeroide agregó segmentos de código al programa de composición musical para finalizar los acordes hermosamente instrumentalizados de “Falsa Verdad”, la canción de la primera escena de esta extraña historia. Unos momentos antes vió que el Doctor Green lo miraba con asombro y le hacía una señal de «ahora vuelvo» y se introducía en la maquina de cronoteletransportación al tiempo que le hacía señas al holograma del Doctor Fitz, quien tras pulsar algo en el aire también disolvía la proyección de su imagen. 

Numeroide se disponía a guardar su composición y a preparar su salida del cilindro cuando en su consola virtual de análisis de frecuencias apareció un mensaje que decía:

Entrada de datos. Nodo Irán. Sector Chaharmahal.

Un holograma se desplegó en su visor de realidad virtual. No es un informe militar, es la grabación recuperada de un dron miniaturizado que fue hackeado por la red de los homos Nexus…

¿Pero quienes son los Homos Nexus? Se preguntará el desconcertado lector.

Bueno, los Homos Nexus son especímenes de una nueva rama evolutiva de la humanidad, descubiertos hace 45 años por una facción de científicos genetistas pertenecientes a la antigua orden de los monjes agustinos, a la cual pertenecieron celebridades científicas como Gregorio Mendel, el fundador de la facción. Dicha orden religiosa ha sido una de las entidades de desarrollo científico más importantes de la humanidad.

Hoy en día cuentan con laboratorios dispersos en varias partes del mundo, financiados con las utilidades que les han reportado sus actividades realizadas a través de entidades fachada a lo largo de 800 años de historia. Con actividades que van desde el comercio marítimo, pasando por la minería novohispana, hasta la industria farmacéutica moderna y la industria del entretenimiento. son los regentes de fondos de inversión que harían palidecer a las modernas firmas financieras más grandes del mundo actual.

En la imagen, Numeroide ve a una joven . El viento le sacude el pelo. La ve detenerse, recoger un periódico y mirar fijamente el rostro de Hossein Salami, el filósofo del control detrás de la represión más brutal que se recuerde en la historia moderna de Irán.

Numeroide ajusta los filtros de audio: Escucha el susurro de Setareh, esa frase cargada de una piedad tan pura que descoloca la lógica del sistema:

“Quién te llenó la cabecita de todas las tonterías que dices, pequeño”…

Numeroide se detiene. Sus dedos que hace un momento buscaban frecuencias de combate ahora tiemblan sobre el panel. Al ver el gesto final de Setareh -el dedo medio alzado con una sonrisa delicada- suelta una carcajada breve, cargada de alivio.

— Ahí estás… -susurra Numeroide-. Ella es la “Alguien“.

El comprende que Setareh no solo es una estudiante de medicina, lo cual infiere por la bata blanca que viste; es una Nexus activo aún inconciente de serlo.

Su capacidad de ver al sangriento general como un niño roto es la prueba de que el Lethe-9  y la propaganda del régimen no pueden hacer nada contra la evolución de la conciencia. Ella ha hecho en segundos, con un simple pensamiento, lo que a él le toma horas de composición musical: Desarmar al Sistema mediante la desmitificación del poder.

Inspirado por esa mirada, Numeroide vuelve a desplegar en su entorno de realidad virtual el programa de composición musical. Ya no busca un rap de protesta hostil. Busca algo que recoja la “maternidad política” de Setareh.

— Si ella puede sentir ternura frente al verdugo, piensa Numeroide, entonces nuestra victoria no consiste en destruir al tirano, sino vaciarlo. Dejar sus palabras sin eco.

Trae a su campo de visión una caja de ritmos, un sintetizador y un violonchelo de entre las opciones digitales que le ofrece el programa de composición y comienza a hacer girar algunos diales virtuales de lo que resulta el armonioso sonido de lo que parece ser el latido de un corazón tranquilo en medio de sonidos que simulan una tormenta. 

Un latido que busca evocar un sentimiento de libertad. Piensa entonces en algunos versos en los que se entienda que la libertad no es entropía, sino la capacidad de mirar al “monstruo” y recordarle que alguna vez fue humano. 

En las imágenes del dron hackeado Numeroide puede seguir el trayecto de Setareh hasta la Universidad. La mira saludar a sus amigas y cómo tras conversar animadamente se despide de ellas para dirigirse al…

LABORATORIO DE FISIOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE CIENCIAS MÉDICAS DE CHAHARMAHAL Y BAKHTIARI. Simultáneamente…

El aire está cargado con el olor antiséptico y el zumbido de las centrifugas. Setareh trabaja en silencio bajo la mirada de una cámara de seguridad que parpadea con una luz roja constante. 

Tiene un audífono puesto, en el que escucha una lección grabada sobre neuroanatomía.  De repente la voz del profesor se desvanece en una estática blanca, pero no es una falla técnica.  Es una transición suave.

Aparece un sonido: el viento. Pero no es cualquier viento; es el sonido exacto del ventarrón frío que le congelaba los oídos hace menos de una hora. Setareh se quedó quieta alarmada por lo familiar de los sonidos que se reproducían en su auricular. Reconoce el crujido de las hojas secas y el roce de un papel periódico contra el suelo.   

Entonces entra la música. Un violonchelo profundo que vibra en una frecuencia que ella siente en el esternón, no en los oídos. Es la frecuencia de la resolución. No hay palabras en farsi, en inglés o en español. La música de Numeroide utiliza patrones rítmicos que imitan el sonido de un corazón en calma. Pero en medio de la melodía, hay un sample procesado: es el sonido de su propia voz, ralentizado y convertido en una textura armónica, repitiendo el tono del final de su frase:

“… pequeño… pequeño… pequeño…”

Setareh deja caer la pipeta que sostenía. Su corazón se acelera pero no por miedo sino por una descarga masiva de oxitocina. “Alguien” ha tomado su acto de piedad y lo ha devuelto convertido en un himno de reconocimiento.

De pronto una orquestación ritmica se acompasa con una voz varonil que recita:

“Escucha el pulso, no es el ruido del motor, es el eco de ocho siglos buscando un nuevo color. De la mina de plata hasta el código celular, nos dijeron que competir era la única forma de andar. Pero el sistema miente. Su dispositivo está fallando. Mientras los tiranos ponen cercas, nosotros estamos saltando.”

“Nos llaman híbridos, nos llaman anomalía, porque no encajamos en su fría ingeniería. Atomizados, aislados, así nos quería el mando, cada uno en su pantalla, por su cuenta agonizando. Pero el Nexus no es un “yo”, es un “nosotros” que despierta, es la mano que se extiende cuando el miedo toca la puerta. No es magia, es genética, es memoria en la piel, es el legado de los monjes, de la ciencia de Mendel.”

“¡Es la Aurora! No es el fin, es el comienzo, pintando libertad sobre su oscuro lienzo. Frecuencia Nexus, la red que no se rompe, donde el poder del pueblo al tirano le responde. No somos piezas, somos nodos de una luz, cargando la esperanza, no cargando con la cruz.”

 “Míralos en la plaza, mujer, sin conocerse se cuidan, mientras los drones del tirano las conciencias invalidan. Él cree que el orden es silencio y sumisión, nosotros sabemos que es latido y cooperación. Si uno tropieza, mil hombros se ofrecen, los muros del sistema ante el Nexus se estremecen. No hay algoritmo que calcule esta nobleza, la unión es nuestra arma, la paz nuestra fortaleza.”

“Somos la aurora. La noche ha terminado. La coalescencia es algo que el sistema no ha notado. Despierta. Eres un Homo Nexus, activa la conexión… La cooperación es un rasgo de nuestra evolución.”

A su alrededor, Setareh nota algo extraño. Otros dos estudiantes en mesas diferentes también parecen seguir la transmisión en sus audífonos. No se miran directamente pero sus posturas cambian. Uno de ello empieza a tamborilear con los dedos sobre la mesa siguiendo el ritmo del violonchelo.

La música ha creado una burbuja de soberanía dentro del laboratorio vigilado. Setareh mira directamente a la cámara de seguridad. Ya no necesita levantar el dedo medio. Esta vez, simplemente sonríe con una paz que es mucho más subversiva. Sabe que, en alguna parte del mundo, un músico ha recibido su señal y la ha multiplicado. 

Ese “Alguien” ya no es una idea abstracta. Sino “alguien” que con su mensaje le está confirmando algo que durante mucho tiempo solo fue una vaga intuición que de vez en cuando se manifestaba en la sensación de pertenecer a algo mucho más grande. Ahora lo sabe. Pertenece a una rama evolutiva de la especie humana en desarrollo.

Es una Homo Nexus.


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