
POR H. ELIEL PÉREZ CERVANTES
INTRO
Más allá de la fe, motivo central en la visita del Papa Francisco I a México, cuando menos para el 83% de la población católica de nuestro país [1]; para la clase política mexicana la primera visita del Papa Francisco pretendió ser un acontecimiento cohesionador de la identidad religiosa de un pueblo lidiando con una “nueva” crisis económica, otra ola de inseguridad, violencia y agresión a sus Derechos Humanos.
Como si se tratara de reducirlo todo a la administración de un fenómeno de masas; las ceremonias de recibimiento y despedida al Papa Francisco I, en su carácter de Jefe de Estado, fueron enmarcadas por el despliegue de elementos de las fuerzas armadas, particularmente del estado mayor presidencial, no sólo en los actos protocolarios, sino desde el primero hasta el último día de su visita; agregando a ello sus desplazamientos a bordo de aeronaves de la fuerza aérea mexicana.
En este contexto, en la percepción de algunos católicos, como el que esto escribe, quedó la sensación de que la estructura de poder político necesitaba ayuda, no sólo de Dios sino de la estructura de poder religioso, para lavarle la cara a una élite señalada por la vox populi (vox dei) y la prensa crítica como antinacionalista, corrupta y frívola.
Se concluye aquí sobre la necesidad de distinguir entre espiritualidad y religión, a fin de no confundir el funcionamiento de instituciones como el estado vaticano y la iglesia católica, por un lado, y por otro la vida interna de cada persona, cuyo sistema de creencias es ante todo una vivencia y una elección individual de libre consciencia, que el Estado Laico debe proteger.
CDMX. 13 de Febrero de 2016. Ya en los avanzados inicios del Siglo XXI…
Rumor de voces y vítores. Nuevamente las calles del ahora estado de la Ciudad De México por donde transitó el convoy papal se llenaron de siempre fieles multitudes, otra vez los estadios llenos, nuevamente las pantallas de los televisores saturadas de información y notas ya sea sobre la figura del Obispo de Roma, o sobre la investidura de Francisco I, o sobre la persona de Jorge Bergoglio, “el Primer Papa Americano”.
Y así, el escenario puesto y los actores dispuestos, durante seis días y miles de horas aire, los mexicanos nos empapamos de propaganda religiosa y estatal.
Mientras tanto, en el México de carne y huesos, la realidad no se detenía. Aún con la imagen del Papa en las primeras planas de los periódicos; más allá de las páginas de sociales; después de la sección deportiva; oculta detrás de los horóscopos y los anuncios de esoterismo on line y las secciones de cultura y contracultura; en la sección de economía y finanzas (que casi nadie lee, porque en la realidad a casi nadie le importa la economía que va más allá de su salario) una nota parecía inocua, no obstante sus profundas repercusiones:
““Conjuntamente, el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luís Videgaray Caso y el gobernador del Banco de México, Agustin Carstens Carstens, anunciaron un Ajuste Preventivo (recorte) al gasto público para el año 2017, en el orden de los 1,300 millones de pesos.” (2)
Esto implica, entre otras cosas, y otra vez, apretarle el cinturón al país, es decir, menos inversión en gasto social, en la construcción de infraestructura en todos los ámbitos, más carga fiscal a los contribuyentes para compensar lo que ya no va a aportar PEMEX a la economía nacional gracias a la reforma energética y, seguramente, el despido masivo de trabajadores entre quienes, quizá, estarán algunos de los muchos que acudieron a ver pasar por dos segundos a Su Santidad.
“¡Allá va!”, decían las señoras señalando a Bergoglio, quien el segundo día de su visita iba, literalmente sobre el suelo, en un blanco y moderno carro de fuego, rumbo a la Catedral de la Ciudad de México para, ni más ni menos que decirle a los obispos, cardenales y monseñores mexicanos cosas como:
“No le tengan miedo a la transparencia”, “la iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar”, “no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa”, “no pongan su confianza en los «carros y caballos» de los faraones actuales” (3).
Como latinoamericano, y también por su cercanía con los sectores, diríase mas progresistas de la Iglesia en México, Jorge Bergoglio conoce plenamente la realidad nacional y podría utilizar el peso de su investidura para criticar al régimen por su actuación ante la misma, sin embargo, ante la inconveniencia mutua de romper las formas de la alta diplomacia, el itinerario del Papa en el país tuvo que limitarse a decir las cosas con actos mas bien de carácter simbólico, por ejemplo:
· Visitar y dignificar a las etnias de México en el estado de la República en el que se levantó la insurrección indígena de 1994, “si no voy a Chiapas no voy a México” dicen que dijo el Papa Francisco.
· Encuentro con jóvenes en el estadio “José María Morelos y Pavón”, el cura guerrero,
· Visita a los enfermos, en un Hospital Pediátrico, junto a la Primera Dama,
· Visita a un centro de readaptación Social en Ciudad Juárez, la ciudad ícono de las víctimas de la violencia.
Los mexicanos tuvimos que leer entre líneas el sentir y el pensar del pontífice sobre estos y otros problemas de nuestra realidad nacional. En todo caso lo único claro fue que había que cuidar la agenda del estado vaticano, no la del Papa, es decir, había que dar a Dios lo que es de Dios, cuidando que el Cesar no fuera a incomodarse.
LA BURLA DE HERODES
Todavía no terminaba de secar la pintura en los hospitales, estadios y palacios pisados por Francisco I, Jefe del Estado Vaticano, cuando el Jefe del Estado Mexicano anunciaba, en visita al Estado norteamericano de Texas, que a partir del próximo mes de Abril de 2016, se permitirá a cualquier empresa privada, nacional o extranjera, la libre importación de gasolina y diesel desde cualquier lugar del planeta en el que se encuentre el oro negro, hasta de México, después, claro, de haber ido a ser refinado al extranjero. [4]
En la apoteosis de la sinrazón, todo parece indicar que nuestra economía de usufructo de recursos naturales funciona igual que el sistema político que la administra… y al revés, nuestro sistema político funciona como este modelo del que no hemos salido desde que éramos colonia del imperio español: primero les enviamos naranjas o cualquier otra materia prima, a precios baratos, para que luego nos devuelvan jugo envasado de importación y por lo tanto mucho más caro.
En la política mexicana pasa exactamente lo mismo: primero les enviamos burócratas becados con el erario, para que luego nos regresen secretarios de estado o funcionarios a quienes no les importamos y quienes, por tanto, le salen muy caros a la historia y a la nación.
Así pues, lo trascendente para los modernos mercaderes del templo fue la “derrama económica” que produjo la visita papal en términos de turismo religioso, así como de toda la proveeduría, la logística y la propaganda que en cada estado se necesitó para convertir al Papa en un moderno Rey Midas [5] y en un acontecimiento mediático que diluyera las noticias “terrenales” y del subsuelo, sin importar que tuvieran que ver con la soberanía y los recursos estratégicos del país.
MAX WEBER Y EL MISTERIO DE LAS TRES FUENTES
¿Pero por qué un individuo como el Papa suscita tal movilización de personas y el despliegue de tal cantidad de recursos públicos y privados?
Según el filosofo alemán, Max Weber [6] existen 3 fuentes del legitimación del poder:
1. La Tradición. Como en el caso de las monarquías que se heredan el poder a través de una linea sucesoria, que se remonta a los antiguos orígenes de la institución que representan.
2. El Carisma. Concretamente se trata del culto a la imagen y la atribución de características superiores a la personalidad de un personaje con capacidad para inducir el comportamiento y el pensamiento, en este caso moral, de grandes grupos de personas.
3. La ley. Cuando la investidura de un personaje le asigna facultades y atribuciones propias de su cargo, sobre todo si se trata de una institución con funciones de organización y conducción social.
Resulta obvio entonces observar que el Papa reúne cada una de esas formas de legitimación. Así pues, su visita se convierte en un acontecimiento para todo aquel que conoce y reconoce alguna de esas tres formas de autoridad, o todas al mismo tiempo.
Llegando a este punto, volvemos a la dimensión donde lo simbólico y lo terrenal se unen para crear subuniversos de significados paralelos. En efecto, el Papa es líder religioso, investido de una autoridad asociada a una institución milenaria (legitimación tradicional), rodeado de una imagen de santidad y benevolencia (legitimación carismática), pero también, y sobre todo en esta visita, se trató de un personaje investido de todas esas formas de autoridad en una serie de eventos que enmarcaron la visita de un Jefe de Estado (legitimación legal) a otro.
Desde esta perspectiva, lo que hay detrás de un acontecimiento como la visita papal, es sobre todo el despliegue propagandístico de una institución de más de 2000 años de antigüedad, dirigido por la Comisione di Propaganda Fide, la Comisión Teológica Internacional y, por supuesto, la Congregación para la Doctrina de la Fe, la más antigua de las nueve congregaciones que integran la curia romana [7], es decir, toda la maquinaria de relaciones públicas del Estado Vaticano; del lado mexicano, quienes dirigieron y digirieron la visita para el “México siempre fiel”, fueron los medios masivos de comunicación, principalmente las televisoras, al servicio de la Conferencia del Episcopado Mexicano, la élite del Clero en México.
PATRIARCADO UNIDO: LA POLÍTICA DEL ENCUENTRO
En fin, más allá de los editoriales en periódicos, revistas, noticieros, paginas web, etc., si algo hay que destacar de la segunda visita del Papa Francisco I al continente americano, fue su encuentro en Cuba con el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Kiril, con quien firmo y emitió un pronunciamiento conjunto en el que se asentaron declaraciones de enorme peso histórico y político dentro del Cristianismo, como:
“A pesar de tener la Tradición común de diez primeros siglos, los católicos y los ortodoxos, durante casi mil años, están privados de comunicación en la Eucaristía.” “Permanecimos divididos dado a las heridas causadas por los conflictos del pasado lejano y reciente, por las diferencias heredadas de nuestros antepasados, en la comprensión y la explicación de nuestra fe en Dios, un ser único…” [8]
Dicho de otro modo, los dos patriarcas finalmente parecieron admitir: la religión divide, Dios une.
CONCLUSION: PROFETA ENTRE DOS REINOS
Se fue el Papa Francisco a Roma y México siguió siendo México. Y ahora que hemos vuelto un poco a la realidad ningún daño nos hará reconocer que a los mexicanos siempre nos han puesto juntos los asuntos de la tierra y el cielo; y quizá por eso como pueblo no atinamos a dar al Cesar lo que es del Cesar ni a Dios lo que es de Dios. Así que habría que concluir aquí, que la mezcla de ambas cosas no es propio de los estados laicos sino de las teocracias, por lo que en el futuro habría que definir distinciones en los protocolos de las visitas papales.
Como nación marcada generacionalmente por la tradición, la devoción y la fe, sería sano distinguir entre espiritualidad y religión, para no confundir el sentido de un reino y el otro. Lo que planteamos aquí es que la vida interna o espiritual del individuo va más allá de la religiosidad de un pueblo, y que dicha religiosidad no debería ser algo con lo cual lucrar o de lo cual se pueda obtener un beneficio político, como hizo la clase política con la visita del Papa.
Viéndolo en términos de civilización, entendemos que la dinámica de las instituciones de conducción social siempre ha sido apoyarse entre si. Que cuando una institución surge no es para desplazar y anular la autoridad de las instituciones que la precedieron, sino para agregarle fuerza al sistema institucional en su conjunto (tal como sucede con los partidos políticos). Un párrafo del discurso papal en Palacio Nacional da testimonio de esto:
“Le aseguro señor Presidente que, en este esfuerzo (la formación moral de los mexicanos) el Gobierno mexicano puede contar con la colaboración de la Iglesia católica, que ha acompañado la vida de esta Nación y que renueva su compromiso y voluntad de servicio a la gran causa del hombre: la edificación de la civilización del amor.” [9]
Reforzamiento de Relaciones Diplomáticas. En este sentido es que ubicamos la reciente visita del Papa Francisco I a México, en su carácter de Jerarca del Estado Vaticano, lo cual no pretende demeritar su visita en términos pastorales y de cohesión social en la fe.
Amig@ Lector. Sin importar la prevalencia estadística de una religión por encima de otras, debemos tener claro que un Estado Laico como el mexicano, debe garantizar y fomentar la diversidad y libertad de creencias, en lugar de publicitar una en especifico o permitir que los gobernantes usen los símbolos, personajes y protocolos de la religión para hacerse de breves periodos de legitimidad y aprobación popular.
En esta ocasión la relación diplomática entre 2 Estados, México y el Vaticano, hizo que Francisco I le pusiera una camisa de fuerza a Jorge Bergoglio, lo cual aquí le ayudó más al estado que a la iglesia; así que para futuras ocasiones quizá le resulte más redituable al Papa venir principalmente en misión pastoral, dejando de lado las mundanidades políticas que tienen que ver con su cargo oficial. Nada más que para eso no sólo el Papa, sino la Iglesia tendrían que definir cual es el reino que más les interesa, si el de los palacios de los modernos Pilatos y Herodes, o el reino no negociable del Alma Humana.
HASTA LA PRÓXIMA
Fuentes y Referencias electrónicas:
[1] Inegi, 2014, pag. 150.
[3] y [9] Todos los discursos y omilias del Papa en México en: https://www.aciprensa.com/ebooks/PapaenMexico.pdf
[4] http://eleconomista.com.mx/industrias/2016/02/22/adelantan-libre-importacion-gasolinas
[7]http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_pro_14071997_sp.html

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